405. Comunidad Monástica de Siloé



La Comunidad Monástica de Siloé fue fundada en 1997 en la Diócesis de Grosseto (Italia). Cuando a los monjes les fue donado un terreno para la construcción de su actual monasterio, encontraron en él un manantial que rebosaba agua pura, y les vino a la mente el estanque de Siloé, donde Jesús devolvió la vista a un ciego de nacimiento. Siloé, por tanto, hace referencia a la protección divina y la misericordia del Señor que hace que los ciegos vean.


Los monjes profesan la Regla de San Benito y constituyen elementos de su vida la oración litúrgica, el trabajo, la estabilidad, la fraternidad y la conversión-crecimiento personal. Un elemento característico de la comunidad es su empeño por conducirse con una ética medioambiental que respete la Creación. Esto se hace realidad a través de los materiales de construcción del monasterio, la alimentación de la comunidad, el cultivo de árboles y plantas autóctonos en la huerta, el reciclaje, la energía renovable, etc. El monasterio cuenta con hospedería y los monjes trabajan en la producción de aceite, miel y productos alimentarios de factura artesana.



404. Benedictinas del Santísimo Sacramento



“¿Hacemos nosotras por Dios aquello que los paganos hacían por sus falsos dioses? ¿Por qué en la casa en la cual vive el Señor, Él no puede ser adorado continuamente, en todas las horas del día y de la noche? ¿Por qué las vírgenes en oración no pueden cantar en perpetuidad el canto de los ángeles delante del altar de Dios? ¿Por qué no pueden existir las centinelas que velan día y noche a nuestro Rey, sin jamás dejarlo?”. 
(Madre Mectilde, 1614-1698)

Las Benedictinas del Santísimo Sacramento (Benedictinae ab adoratione perpetua Sanctissimi Sacramenti) constituyen un Instituto monástico confederado de monjas de la Orden de San Benito. Fueron fundadas por la Madre Mectilde del Santísimo Sacramento (Catherine Mectilde de Bar) en 1653 en París, con la particular misión en el carisma benedictino de ser adoratrices y reparadoras de Jesús Sacramentado.


La vida de la Benedictina del Santísimo Sacramento está dedicada a la búsqueda de Dios y a cantar su misterio de amor en el Oficio Divino, en el silencio del claustro, en el trabajo manual e intelectual, y en la comunión de vida fraterna. “No anteponer nada al amor de Cristo”, dice San Benito. Este principio anima la vida de las monjas; vida que es un camino de conversión, donde no faltan las dificultades, porque eligen el recorrer la vía estrecha que conduce a la salvación, camino en el que el corazón progresivamente se dilata en la alegría y en la libertad del amor recibido y restituido.


“¡Hermanas mías! ¡Cómo es divino nuestro Instituto! ¡Por cuántos siglos ha estado escondido y sepultado con Jesús en la Hostia! ¡Por cuánto tiempo ha quedado encerrado en el Corazón de un Dios Inmolado! No estamos frente a un diseño de la mente humana. No ha sido una criatura quien lo ha querido. Ha sido Jesús en la Hostia quien lo ha depositado en el corazón de San Benito Abad. Puedo afirmar que nuestro Instituto no ha salido de ningún otro lugar, si no del Tabernáculo, en donde San Benito depositó su propia vida en sus últimos instantes”. (Madre Mectilde)


Cada monja tiene una hora de adoración diaria ante Jesús Sacramentado, y si el número de comunidad lo permite el Santísimo permanece expuesto también en la noche. En la tradición benedictina, los monasterios tienen hospederías para que quien quiera pueda pasar un días de retiro y oración. Cada monasterio es autónomo y se encuentran agrupados en seis federaciones nacionales (Francia-Luxemburgo, Alemania, Italia, Polonia, Holanda y Bélgica). El monasterio de Ghiffa (Italia) ha fundado en 2010 un monasterio en la Archidiócesis de Guadalajara (México).


Email (México): ghiffa.mon@hotmail.com