Las Hermanas de San Juan y Santo Domingo suprimidas por el Papa Benedicto XVI



Las Hermanas acogidas en la Diócesis de Córdoba
 
La Asociación Pública de Fieles “Hermanas de San Juan y Santo Domingo”, erigida en la Diócesis de Córdoba (España) el 29 de junio de 2012, “ha sido suprimida con efecto inmediato y sin posibilidad de que sea reconstituida bajo ninguna otra forma, tanto en la Diócesis de Córdoba, como en ninguna otra diócesis, debido a que ha cometido una grave lesión de la disciplina eclesiástica” (Rescripto de Audiencia de Benedicto XVI, 10 de enero de 2013).



Rescripto de Audiencia

Estas Hermanas constituían una disensión en el seno de las Hermanas Contemplativas de San Juan (ver aquí), que habían mandado una queja a Roma contra el modo de gobierno del Comisario Pontificio Mons. Henri Brincard. El Instituto se encontraba intervenido por Roma desde 2009 debido a fuertes disensiones internas que habían dividido a la comunidad en dos facciones. Las Hermanas insatisfechas con la política del Comisario Pontificio Mons. Brincard (nombrado a principios de 2012) salieron de las Contemplativas de San Juan y fueron acogidas en la Diócesis de Córdoba, que les dio el monasterio del Espíritu Santo en la Rambla. También habían fundado en diciembre de 2012 en el monasterio de la Santísima Trinidad de Bergara, Diócesis de Guipúzcoa.

359. Franciscanas del Evangelio



Las Hermanas Franciscanas del Evangelio son un Instituto Religioso de Derecho Diocesano fundado en 1976 en la Archidiócesis de Monreale (Italia). Su vida quiere ser respuesta de amor al Amor Crucificado siguiendo el camino de San Francisco de Asís, y, como las mujeres del Evangelio, haciendo experiencia de Cristo Resucitado para anunciarlo a los hermanos. Están llamadas a vivir de la adoración y la contemplación para anunciar el mensaje evangélico de vida, salvación y esperanza a todo el mundo, especialmente a los pobres y los alejados, con un espíritu de pobreza y minoridad, fraternidad y alegría, penitencia e itinerancia. Su apostolado lo realizan en la itinerancia franciscana, sin tener obras propias de ningún género. También imparten catequesis y colaboran según las necesidades de las parroquias. Están presentes en Italia y Albania.




Unas se van, otras llegan...

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En el blog hemos comentado en más de una ocasión que el cierre de un monasterio de vida contemplativa constituye una auténtica tragedia. Tragedia para las monjas que, después de tantos años viviendo en el monasterio donde llegaron con su juventud, tienen que marchar a otra comunidad; tragedia para la Iglesia (todos nosotros) que ve cómo las casas de sus hijas consagradas sólo “a Dios y sus cosas” van languideciendo, cerrando. Es un goteo incesante, más doloroso aún cuando se trata de comunidades monásticas buenas y fieles, que tristemente no tienen vocaciones y sus monjas son mayores, y muchas veces impedidas.

En España en los últimos 10 años han cerrado más de setenta monasterios de monjas. Antes de la crisis económica era fácil venderlos y se convertían en hoteles (si tenían algún valor artístico), casas de cultura, residencias de ancianos, o se tiraban para construir viviendas (depende de la situación estratégica). Algunas comunidades se los entregaban a la Diócesis en un gesto de desprendimiento y comunión, aunque habría que ver bien “a qué manos diocesanas se entregaban y para qué”.

Pero una casa que ha sido levantada para Dios debe continuar siendo sólo para Dios. Y los obispos, y las propias monjas que se van, deben hacer lo humanamente posible para que esto sea así. Por esto nos alegran estos testimonios, que si bien son tristes porque implican el fin de presencias centenarias de vida contemplativa, suponen un nuevo comienzo y una nueva oportunidad para esos monasterios de vida contemplativa abocados al cierre. Implantar una nueva comunidad en estos centenarios monasterios puede parecer demasiado arriesgado, pero hay que intentarlo, pues si la cosa sale bien dará mucha gloria a Dios en beneficio de tantas almas.


Agustinas Descalzas de Alcoy.
Al fondo, las Carmelitas Mensajeras del Espíritu Santo.

- En febrero de 2013, las monjas Agustinas Descalzas (ver aquí) se van del monasterio del Santo Sepulcro de Alcoy (Alicante) fundado en 1597. Se trata además de la Casa Madre de la Orden. El monasterio será habitado por la rama contemplativa de las Carmelitas Mensajeras del Espíritu Santo (ver aquí) cuya rama activa tiene casas en Gijón, Covadonga y Madrid. Con la marcha de las Agustinas Descalzas de Alcoy, el cierre en años recientes de los monasterios de Denia y L´Olleria (2009, entregado a las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará- ver aquí), la Orden cuenta con dos Monasterios: el de Benigánim (al que se traslada la comunidad de Alcoy) y Murcia.


Real Monasterio de la Visitación de Orihuela

- En enero de 2013, las monjas Salesas (ver aquí) del Real Monasterio de la Visitación de Orihuela (Alicante) se van para unirse al Primer Monasterio de la Visitación de Madrid. En Orihuela quedaban ya sólo tres Salesas mayores. Tras 180 años de presencia, la falta de vocaciones las lleva a dejar su querido monasterio. El obispado anuncia que buscará una comunidad contemplativa que lo habite, y mientras residirán en él los Hermanos de la Fraternidad Arca de María (ver aquí).

Y así están las cosas para bien y para mal. Las vocaciones al claustro ya no van a tocar a las puertas del monasterio como hace años. Las monjas no pueden quedarse, arrastradas por la inercia, tan plácidamente esperando que les lleguen las jóvenes o no tan jóvenes. Esto es precipitarse al fin. Pero también es cierto que “moverse” tampoco puede dar ningún resultado. Las Agustinas Descalzas de Alcoy tenían página web y varios videos en Youtube con miles de visitas. Y no deja de venirme a la mente aquellos monasterios que tantas veces salen en los medios, de los que habla tanta gente de Iglesia… esos que tienen tantas vocaciones, y que son apoyados por algunos nuevos movimientos eclesiales que les suministran vocaciones, a veces a costa del propio carisma de la comunidad o al menos introduciendo novedades propias de aquellos movimientos. Me cuesta comprender cómo en una misma Orden, en un mismo país, y hasta en una misma Diócesis, puede haber un monasterio de la Orden x con 60, 50, 40 monjas y otro de la misma Orden x con 5,10 monjas mayores que finalmente termina cerrando. Pero esto es otra historia… Sólo la oración y la vida observante y fiel no atraen vocaciones, hay algo más, otros componentes menos sobrenaturales que influyen (tal vez la edad de las monjas, el lugar, la novedad de la comunidad, la ideología…). No sé que será, pero hay que tenerlo en cuenta, y no achacar a Dios y su bendición lo que a veces es pura obra humana, buena, pero humana. Dios no bendice con vocaciones a un monasterio por ser fiel y castiga a otro sin vocaciones por andar con el norte perdido. Esto no puede ser siempre así, porque hay monasterios con monjas santas y fieles, y sin vocaciones.

358. Hijos del Divino Amor: Apóstoles de María Dolorosa / Hijas Adoratrices de la Preciosísima Sangre



Los Hijos del Divino Amor son una nueva familia eclesial que reúne, en un mismo espíritu, seglares (familias, solteros) y consagrados: los Apóstoles de María Dolorosa y las Hijas Adoratrices de la Preciosísima Sangre. Fundados en 1995 por la Madre Rosaria della Caritá en la Diócesis de Palestrina (Italia), tienen por carisma la oración de reparación. Sus miembros desean vivir esta vocación como respuesta al amor y a la misericordia que han recibido de Dios por medio de María Santísima, en un camino de conversión y renovación. Su espiritualidad es de inspiración franciscana y mariana, centrada en la devoción a la Virgen María de Medjugorge. Sabiendo que el Señor se sirve de la música para ayudar a los fieles a abrir su corazón y poder entrar en la profundidad de la oración, los religiosos de esta comunidad consagran parte de su apostolado al ministerio musical. También se dedican a promover la adoración eucarística y el rezo del Santo Rosario en las parroquias. Están presentes en Italia y en Medjugorge, donde colaboran en la animación litúrgica del santuario mariano.



- Figlie del Divino Amore
Vía Prato, 60
00030 San Cesareo (Roma)
Italia
  

357. Eremitas Camaldulenses de Monte Corona



"¡Felices aquellos antiguos eremitas que elegían por morada lugares solitarios como éste! ¡Con qué tranquilidad podían servir a Dios, apartados por completo del mundo!"
(San Romualdo)

Benedictinos Camaldulenses

Los monjes Benedictinos Camaldulenses fueron fundados por San Romualdo entre los años 1024 y 1025 en Camaldoli (Italia). Como reforma benedictina, su intención era la de conjugar la vida cenobítica con la eremítica, dando preferencia a esta última. Los Camaldulenses pertenecen a la Confederación Benedictina en calidad de Congregación autónoma.


Beato Pablo Giustiniani

Eremitas Camaldulenses de Monte Corona

En 1520 el Beato Pablo Giustiniani inicia una reforma de la Camáldula, dando origen a los Eremitas Camaldulenses de Monte Corona, con vistas a una vida más contemplativa y austera. La vida de los Eremitas Camaldulenses está orientada totalmente a la unión con Dios en la oración continua y en la contemplación. Su vida toma elementos del cenobitismo (Santa Regla, obediencia, vida en común) y del eremitismo (soledad, silencio, custodia de la celda). Cada Eremita habita en una celda separada (humilde ermita con huerto), saliendo solo para la oración en común o las horas de trabajo matutinas y recreaciones comunitarias. Los Eremitas Camaldulenses de Monte Corona cuentan actualmente con tres yermos en Italia, dos en Polonia y uno respectivamente en España, Estados Unidos, Colombia y Venezuela.


Comunidad del Yermo de Ntra. Señora de Herrera

El Yermo de Nuestra Señora de Herrera

Este Yermo Camaldulense es el único existente en España. Fue fundado en 1924 en la antigua abadía cisterciense de Nuestra Señora de Herrera, en las proximidades de Miranda de Ebro (Burgos). Tras la Desamortización de 1835 que acabó con la vida monástica, como no podía ser de otro modo también en Herrera, el monasterio quedó en la ruina. De 1896 a 1905 fue Desierto de Carmelitas Descalzos, y de 1905 a 1921 lo habitaron monjas Trapenses expulsadas de Francia. El Yermo cuenta con una hospedería monástica para pasar unos días de retiro.


La iglesia conventual

El horario tipo del Yermo:

3:40- Levantarse
4:00- Maitines
5:00- Lectio Divina
6:00- Laudes, Santa Misa, Tercia
7:30- Desayuno
8:15- Inicio del trabajo
11:30- Fin del trabajo
12:00- Angelus, Sexta, examen de conciencia, comida
14:30- Nona, Letanías de la Madre de Dios
17:30- Santo Rosario
18:00- Vísperas
18:30- Lectio Divina
19:30- Cena
20:00- Lectura capitular, Completas


El Yermo de Herrera desde el aire

Contacto

- Yermo Camaldulense de Ntra. Sra. de Herrera
Aptdo. 406
C.P. 09200 Miranda de Ebro
Burgos


Cuestiones vocacionales: fjonrubia@inicia.es  


- Yermo Camaldulense de la Santa Cruz
Santa Rosa de Osós, Antioquía
Colombia

- Yermo Camaldulense de Sta. María de los Ángeles
Plan de Rubio Pregonero, Tachira
Venezuela
Tel. 0058 277 808 4515

Vivamos nuestra vida religiosa ¡YA!



Transcribo a continuación algunas partes de una carta exhortatoria de un Provincial español de una Orden religiosa a sus Hermanos de Provincia. La carta está fechada en 1939, pero casi todo lo que aparece en ella resulta de gran actualidad, pensando sobre todo en las Órdenes y Congregaciones religiosas “de siempre” que en España están en proceso de reestructuración y revitalización. Este proceso es una oportunidad de oro para purificar lo malo y equivocado, recuperar lo bueno y olvidado, y caminar hacia adelante por la senda de la auténtica vida religiosa. Si leyeran esto en sus múltiples reuniones, quizá les sirviera de alguna ayuda, les aportara algo de luz…

Omito la Orden religiosa en cuestión. En su lugar aparecerá N (póngase el religioso de la Orden que se quiera).

Seamos N

Y esto es lo primero que Dios de nosotros quiere para realizar su obra y resolver y deshacer todas las dificultades: que seamos N viviendo nuestra vida de N. Cada Orden tiene su fin, el fin que Dios, por su Fundador/es, le ha señalado; sólo dentro de ese fin pueden y deben santificarse sus miembros. La Orden que, o por creerle menos alto o pasado de actualidad, sale de su fin, se sale de las manos de Dios y, pues no quiere lo que Dios de ella quería, estorba en la Iglesia y sus miembros, descentrados, se apartan de la santidad en lugar de hacerse santos; lejos de dar gloria a Dios se la roban. Las Órdenes que salen de su fin exige la justicia, según el orden de la Divina Providencia, que desaparezcan sea por consunción o por persecución.

Grandeza de nuestro fin

No es pequeño nuestro fin ni pasado de actualidad. El fin y el espíritu del N es el más hermoso de la Iglesia del Señor y por lo tanto -sin menosprecio ni menoscabo para ninguna Orden- el más grande y hermoso y el de mayor actualidad. Ha sido misericordia del Señor, que, sin merecerlo nosotros, nos ha escogido para este fin; pero ¡qué gran traición sería que debiendo brillar en tanta hermosura, nos alejásemos de ella y dejáramos de seguir la Voluntad de Dios por seguir la nuestra quedándonos con nuestra soberbia por guía, como el ángel rebelde, y como él, por soberbia, saliéramos de las hermosuras del Cielo para vivir en las desesperaciones y negruras del infierno! Cuanto más hermoso es el fin, mayor fidelidad exige el llamamiento

El apostolado

No he de condenar yo y considerar ajeno a nuestra vida de N el apostolado. No debemos abandonar el apostolado, pero lo principal es la vida interior y espiritual y cuando ésta no haya, más vale no salir de la celda porque haríamos más daño que bien.

Cada época de la Iglesia ha tenido un hombre o mujer de Dios renombrado y que pudiéramos llamar el apóstol de su época. Contra las defecciones y debilidades, contra los pecados o injusticias y apostasías se levantaba más que la palabra de aquel hombre la vida, la santidad de vida de aquel hombre.

¡Ah, si el apostolado saliera de almas encendidas, cómo serían ubérrimos sus frutos y no habría hielos en las almas que no se deshicieran ni dureza que no se ablandara! El frío, ¿qué puede dar sino frío? ¿Qué palabra encendida y de estímulo y persuasión a la santidad, a la vida interior, a la oración y abnegación, puede salir de un corazón que huye de la oración y busca solemnidades externas para disculparse que no puede tenerla, que aprecia y busca más hacer una visitilla cualquiera, o que se la hagan, que estar calladito con el Señor? ¡Y nos extrañan aún las defecciones en la Orden!

Nos quejamos de la superficialidad y materialismo de la sociedad, y no reflexionamos que la sociedad es siempre el reflejo de los conventos y sacerdotes, y en ella veremos nuestros defectos. Si está fría la sociedad es porque no sale el calor debido de los conventos, ni hay el número suficiente de víctimas expiatorias que, en holocausto de amor, se ofrezcan a Dios. Si no hay virtudes en la sociedad, es que la santidad no abunda en los conventos y en sacerdotes cuanto debiera; no serán malos, pero no han adquirido la santidad que debían, como Dios lo quiere, como nosotros se lo prometimos. Son estufas mortecinas, los que debían ser hogueras abrasadoras. ¿Por qué, Señor, no cumpliremos lo que prometimos?

Y esto quiere el Señor de nosotros los N, para esto nos llamó: que nuestras obras broten ardientes del calor de la vida interior; no de exhibición y ruido sino de humildad y caridad y vida en Dios. Entonces con una obra se hará más que de otro modo con muchas, porque sin eso todo será martillear en hierro duro. Sea muy en hora buena apóstol el N, que de Dios sea llamado y enriquecido con tal don; pero el don primero es el que da la santidad y vida interior y sin éste, será apóstol, pero no de Dios ni para encaminar las almas a Dios y a la santidad. Las palabras y obras que ejecuta el Santo son santas y siempre fructíferas; palabras y obras de amor que dan luz y calor.

La humildad y la obediencia

Debemos vivir con los pies en el suelo, pero con el corazón y la mirada en el Cielo. ¡Qué vida tan llena y tan hermosa es la del perfecto N! Y cómo enoja a Dios el N que no la vive ni la puede vivir porque en lugar de recogerse y mirar a Dios, que enciende en amor y sobrenaturaliza las acciones, se mira a sí mismo y a las criaturas y saca complacencia propia y orgullo! El orgullo todo lo seca y hace infructuoso.

El orgullo jamás tiene trato con Dios; rebaja y desgasta el alma. No puede haber orgullo y castidad, aunque pretenda encubrirlo la astucia e hipocresía. El trato con Dios da amor, que todo lo suaviza, y humildad, que abre las puertas para recibir la luz del Cielo y oír las suavísimas llamadas e inspiraciones de Dios. El amor de Dios torna al alma suave como el orgullo la hace áspera y dura; pero en el alma vana no crece el amor de Dios ni la limpieza y sumisión del corazón, quedándose ella sola con su propia complacencia, con su aspereza y dureza con su ruindad y su nada.

El N que está obligado a empaparse por la oración diaria en la humildad, menosprecio y obediencia hasta la muerte de Jesús, nada encuentra difícil, porque ha venido a que le labren y todos son instrumentos de Dios para labrarle. ¿Cómo ha de quejarse de un menosprecio, de una obediencia dura si eso le hace asemejarse a Jesús? ¡Qué alegría asemejarse a Jesús en el menosprecio y en la obediencia!

Pero el religioso no tiene que escoger el instrumento, es Dios quien lo escoge; si él pretendiese desecharle porque se le hace duro, porque no es de su gusto, porque es áspero, siempre se quedaría sin labrar y en su propia fealdad y repulsión; al no querer la acción del instrumento de Dios, rechaza su Voluntad divina y se aleja de la santidad en lugar de acercarse, como había prometido. ¡Qué engaño, Dios mío, creer que haré yo santos y humildes a los demás sin ser yo antes humilde y santo!... Y si no busco esto en el apostolado, desgraciado de mi, porque sería no santo religioso de Dios, sino mío y rebelde a Dios; todo lo contrario de lo que Dios de mi quería, ¡Por eso, Dios mío, dadme humildad y con ella vuestro amor y buscaré el imitaros! ¡Y se desarrollará hermosa en mí la vida interior y de espíritu que debe ser mi vida!

Compostura ante Dios y verdadera alegría

La vida del N se desenvuelve toda delante de Dios. Delante de Dios en el coro, en el Oficio Divino, en la oración y con los Hermanos. Todos sabemos muy bien que la repetición en el obrar engendra el hábito, el modal, hasta el carácter. Nuestra vida exige delicadeza, respeto delicado, amoroso, alegre en el Oficio Divino, en la oración, delante del Santísimo en la presencia de Dios, por cuyo respeto San Pedro de Alcántara no se atrevía ni a ponerse la capucha. No sólo exigen estos actos atención interior y respeto; es trato de amor con Dios, y por lo tanto, con porte también externo, delicado, alegre, como de amor. Siempre que estamos delante de Dios, sea en el coro o con nuestros Hermanos en la recreación, o solos en la celda, siempre es el mismo Dios infinito, amoroso, mirándonos y mirándole y siempre ha de ser con respeto de amor efusivo, de amor delicado, de amor alegre e igual.

¡Qué hermosa es la vida del N cuando se la vive íntimamente! Es esencialmente vida de alegría, porque es vida de amor; y porque es vida de amor infinito es vida de alegría inefable. ¡Pobre el N que no la vive porque aún no vive a solas con Dios en lo interior de si mismo la vida de amor, oración y continua presencia de Dios; porque busca y desea cosas que el alma religiosa no puede buscar ni desear, sino que las ha de desechar y olvidar!

La alegría es aliento de Dios en nosotros y pone ansias y anhelos de fortaleza, de soledad, para gozar mejor de ella, pudiendo muy bien decir con Nehemías: “el gozo de Dios es nuestra fortaleza”; porque como la tristeza engendra pesimismos y desalientos, la alegría esfuerza y anima a llegar a la luz de la virtud y de la santidad.

No está contra la alegría nuestra legislación, pero sí quiere que no sea inmoderada, porque en esa inmoderación ya no está la alegría de la santidad. Eso que quiere pasar como alegría, porque tenga el don de la gracia quien lo hace o quien lo dice, pero que se excede en el modo, o en lo inadecuado, está contra la virtud. Dichoso el religioso que enriquecido con la gracia de la narración atrayente, la emplea para alegrar a sus Hermanos santamente e insinuarlos y llevarlos con su gracia al recuerdo de Dios. Dice muy bien nuestra ley: no empleen los religiosos palabras, que, sin ser malas, no suenan ni están bien en la boca del religioso. ¡Es tan fácil a la fragilidad humana abusar de las gracias que Dios concede! Pero los religiosos, que tienen esa gracia y la emplean para difundir palabras que no pueden alegrar a Dios tienen muy grande responsabilidad delante de Dios. Empléenla en alegrar santamente a sus Hermanos, que es muy santa caridad, pero empléenla para hacer amable la virtud, no para emplear lenguaje que sea menos conveniente de las almas espirituales y, con su gracia, extender lo que resulta no sólo falto de virtud sino de educación. No toleren tales cosas los Superiores ni los iguales, sino con caridad, con amor, con constancia adviértanlas en los Capítulos.

Que reine entre nosotros la alegría que supone otras muchas virtudes, como un continuado dominio de sí mismo, desprendimiento del egoísmo en que triunfe nuestra opinión, presencia de Dios, y en esto debemos esmerarnos más, si cabe, los Superiores; porque tengamos un sufrimiento o contratiempo no lo han de pagar los pobres súbditos recibiéndolos o hablándolos con dureza o con enfado. Los Superiores no nos debemos a nosotros mismos sino a los súbditos, que Jesucristo está en los súbditos y hemos de sembrar en ellos la palabra del consuelo. Un súbdito hará mal en impacientarse y en descomponerse, un Superior jamás lo puede hacer, aunque le crucificaran, porque son hijos suyos.

Cuando reina la alegría, como debe reinar, no hay penitencia y aspereza de vida que espante; lo que espanta son las caras alargadas por el mal ceño; espantan a los hombres y a Dios; porque más que todas las penitencias es el dominio de sí mismo y la caridad delante de Dios. La penitencia, como el trato de amor con Dios, llena de íntimo e indecible regocijo. Son la caridad y la alegría dos hermanas siempre abrazadas con efusión. La vida pobre y el dolor, como el sacrificio, nos asemejan a Jesucristo y nos hacen sentir las dulces efusiones de su amor. El alma santa, lleva en sí misma la alegría y todo se le presenta vestido de suave y amable alegría: sonrían siempre con sonrisa franca y de amor.

Vivamos nuestra vida ¡YA!

Vivamos nuestra vida de N ¡ya! El N es ante todo, y sobre todo y siempre, alma de vida interior, alma de oración, de andar en la presencia de Dios; vivir la caridad de Dios y la caridad de nuestros hermanos. Ser predicador, ser escritor, ser director espiritual, ser profesor, etc., son cosas muy hermosas; use bien de esas perfecciones a quien Dios se las diere; pero no es necesario, y la vida interior de oración y devoción es tan imprescindible, que si de ella se carece, no hay N.

Vivamos nuestra vida de N observando con fidelidad y llenos de caridad nuestras leyes hasta en sus más pequeños ápices, porque son ápices del amor y en el amor de Dios todo es grande. Si la vivimos con amor, se nos hará, como lo es, sumamente regalada. Rijámonos por el amor y el amor está dentro, en lo íntimo del corazón, y el corazón escondido dentro del pecho, pero dando vida a todo el ser; no puede sacarse a la luz el corazón y seguir viviendo. Nuestra vida tiene que ser escondida y vivificada en Jesucristo. Es el vuelo hacia la luz, hacia el abrazo amoroso de Dios Nuestro Padre.

No miremos a los Hermanos tibios. Esforcémonos en vivir perfectamente nuestro fin, que si le vivimos, Dios llenará nuestros conventos de almas fervorosas. El que entra religioso entra a ser santo y no quiere otra cosa que una Orden santa y una compañía santa que le enseñen y estimulen a ser santo. Mejor es no entrar que entrar en una Orden decaída y relajada. Pero cuan grande es la gloria del Fundador/es, será terrible la ignominia y afrenta de los que contribuyan al decaimiento, o a deshacer lo que ellos hicieron movidos por el Espíritu Santo. La grandeza de las Órdenes no se mira por su número, sino por las virtudes que en ella se viven. Hermoso es el número, pero mil veces preferible el fervor y más hemos de apreciar ser pocos y fervorosos que muchos, si falta el fervor que el Señor quiere.

Esta vida de amor, de humildad, de oración y abnegación, de delicadeza y alegría es la que yo pido a todos mis amadísimos Hermanos; no nos pide Dios sabiduría, ni altura de discursos, ni don de gentes, sino santidad; y no le prometimos nosotros ser sabios ni andar en cumplimientos de visitas, sino ser santos y para serlo lo dejamos todo; no vinimos para recorrer mundo y conocer ciudades, sino para vivir en el convento con los Hermanos una vida de amor; ésa es nuestra vida; la más hermosa que puede darse, pero la que exige mayor cuidado; ella vivificará nuestras acciones con vida de Cielo y es también la vida de la Iglesia. Sin ella todas las obras resultarán muertas y sin provecho y todo apostolado infecundo y perjudicial. Ella llena de santidad a las almas y pone las virtudes en los individuos y en la sociedad. No hay reforma posible sin ella y todas las virtudes y gracias se desarrollan con su calor.

No que seamos muchos, sino fervorosos y santos; la santidad ha sido siempre el mejor anuncio y la mejor llamada a todas las vocaciones.

356. Hermanas Víctimas Expiadoras de Jesús Sacramentado



“A las Hermanas el Divino Corazón de Jesús ha querido encomendarles el dulce y sublime oficio de víctimas de perpetua adoración y reparación a su Divino Corazón horriblemente ofendido y ultrajado en el Sacramento del Amor".
(Beata María Cristina Brando, 1856-1906)


Las Hermanas Víctimas Expiadoras de Jesús Sacramentado son un Instituto Religioso de Derecho Pontificio, fundado por la Beata María Cristina de la Inmaculada Concepción (Brando) en 1878 en Casoria (Italia). El carisma del Instituto “es la reparación de los ultrajes que recibe el Sagrado Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento, especialmente las muchas irreverencias y descuidos, comuniones sacrílegas, sacramentos recibidos indignamente, Misas mal escuchadas, y, lo que amargamente traspasa aquel Corazón Santísimo, es que muchos de sus ministros y muchas almas consagradas a él se unen a esos ingratos”. Las Hermanas tienen en sus conventos la adoración perpetua del Santísimo Sacramento, y trabajan en el apostolado catequético, en la educación, en casas de retiro espiritual, en orfanatos y ancianatos. Están presentes en Italia, Colombia, Brasil, Filipinas e Indonesia.


* Víctimas Expiadoras de Jesús Sacramentado (web)

355. Clarisas Capuchinas de la Inmaculada



“Ama del todo a Aquel que del todo se entregó por tu amor”
(Santa Clara)

Las Clarisas Capuchinas de la Inmaculada son una fraternidad de vida común en el seguimiento de Jesucristo según el estilo de San Francisco y Santa Clara en la tradición capuchina. Observan la Regla de la Tercera Orden Regular, cuya última aprobación data de 1982 con el breve “Franciscanae Vitae Propositum” del Beato Juan Pablo II.


Las Hermanas Clarisas Capuchinas de la Inmaculada buscan ante todo vivir la unión esponsal con Jesucristo a través de la oración contemplativa y litúrgica (Misa conventual y Oficio Divino), la Adoración Eucarística, la devoción a Nuestra Señora y Madre Inmaculada, la imitación de San Francisco y Santa Clara, el amor a la Iglesia y la lealtad al Sumo Pontífice, el Papa.


“Observa a Cristo, medítalo, contémplalo, decidida a imitarlo”
(Santa Clara)


De modo particular, las Hermanas rezan y se ofrecen a sí mismas por la santificación de los sacerdotes y almas consagradas de la Iglesia, y reparan el Corazón de Jesús Sacramentado por las ofensas que recibe.


“Amándoos mutuamente con la caridad de Cristo,
manifestad con vuestras obras
el amor que interiormente os tenéis” (Santa Clara)


Junto al trabajo manual diario, las Hermanas se consagran a las obras de misericordia, todo vivido y ofrecido por la santificación del clero, tales como catequesis, visitas a los enfermos, atención a los ancianos, etc.


Las Hermanas están presentes en dos conventos en La Pampa (Argentina):

- Clarisas Capuchinas de la Inmaculada
Lavalleja 531
Jacinto Arauz
Argentina
Tel. 02925 - 493714

- Clarisas Capuchinas de la Inmaculada
Avenida San Martín, 100
Intendente Alvear
Argentina
Tel. 02302 - 15547828

354. Frailes Menores Renovados de Patti



Los Frailes Menores Renovados de Patti (nombre de la Diócesis donde están) nacen en 1999 cuando Fray Umile di Maria, que fue durante 17 años Siervo General de los Frailes Menores Renovados (ver aquí), junto a otros frailes abandona su Instituto para vivir aún de manera más estricta la Regla de San Francisco. Son acogidos por Mons. Ignazio Zambito, obispo de Patti, en un antiguo convento capuchino en Pettineo (Messina, Italia).


Su deseo es observar la Regla sin glosa, en una vida más contemplativa, austera y penitente. Por ejemplo, siguen la antigua costumbre de no tocar o usar personalmente el dinero (recuperan la figura del síndico- administrador seglar), no tienen teléfono ni Internet (la web la ha hecho un amigo de la fraternidad), visten siempre el hábito franciscano, rezan el Oficio de Lecturas en la madrugada, tienen trabajo manual en el convento, etc. Su apostolado consiste en la dirección espiritual, misiones populares y predicación.


He aquí el horario base de la fraternidad:

- 00:50: Oficio de Lecturas.
- 05:30-07:30: Laudes y oración mental. A continuación el desayuno y el trabajo manual.
- 09:00: Tercia.
- 12:15: Sexta, comida, recreación y reposo.
- 14:30: Nona. Tiempo de apostolado, trabajo, estudio, etc.
- 18:00: Rosario, Santa Misa, Vísperas con los fieles y oración mental.
- 20:00: Cena, recreación.
- 21:15: Silencio, retiro de celda.


- Frati Minori Rinnovati di Patti
Convento di San Francesco
98070 Pettineo (ME)
Italia

353. Misioneros Contemplativos Javerianos Ad Gentes



“La contemplación de Jesucristo en todo, la invasión del Espíritu en todo nuestro ser y nuestro actuar”.


Los Misioneros Contemplativos Javerianos Ad Gentes son una Sociedad de Vida Apostólica de Derecho Diocesano, fundada por el P. Gustavo Orozco Montes en 1986 en Pereira (Colombia). Nacieron como respuesta al llamado del Papa Juan Pablo II que deseaba que América Latina compartiese su fe, enviando misioneros a otros continentes con motivo de la celebración de los 500 años de la llegada de la fe al Nuevo Continente. Tienen como modelo de misionero contemplativo en la acción a Monseñor Miguel Ángel Builes Gómez, fundador del Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal al cual pertenecía el P. Gustavo Orozco. Su carisma consiste en el seguimiento de Jesucristo desde la contemplación en la misión, con alegría, austeridad, bondad y servicio, para un primer anuncio donde la Iglesia los necesite y quiera enviarlos, privilegiando siempre el servicio a los más abandonados y empobrecidos de la sociedad.

Los Misioneros Contemplativos Javerianos (con rama masculina y femenina) viven en los denominados “Hogares de Contemplación”, constituidos por sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que inspiran su contemplación activa en la relación amorosa y fraterna con los más pobres y desheredados de la tierra, que no conocen a Jesucristo o lo conocen imperfectamente como el único Salvador. Están presentes en Colombia, Perú, Puerto Rico, Estados Unidos e Italia (Diócesis de Civita Castellana).
* Email (Misioneras): misionerasmca@gmail.com