135. Clarisas de la Inmaculada

 
 
“Y para que jamás nos apartásemos de la santísima pobreza que habíamos abrazado, ni tampoco lo hicieran las que tenían que venir después de nosotras, poco antes de su muerte, de nuevo nos escribió su última voluntad diciendo: «Yo, el Hermano Francisco, pequeñuelo, quiero seguir la vida y la pobreza del Altísimo Señor Nuestro Jesucristo y de su Santísima Madre, y perseverar en ella hasta el fin; y os ruego, mis señoras, y os doy el consejo de que siempre viváis en esta santísima vida y pobreza. Y protegeos mucho, para que de ninguna manera os apartéis jamás de ella por la enseñanza o consejo de alguien.» (Regla de Santa Clara VI, 6-9)


Las Clarisas de la Inmaculada son monjas profesas de clausura papal de la Segunda Orden Franciscana. Su origen está en el Monasterio del Inmaculado Corazón de María y de San José, de monjas Clarisas, de la ciudad de Aulla (Italia). Estas monjas, dirigidas espirituales del P. Manelli, solicitaron de la Santa Sede permiso para vivir la vida claustral clarisa con profundo espíritu mariano. En 2002 fue aprobada dicha petición, siendo confirmadas como nueva familia clarisa dentro de la Segunda Orden. En 2006 se afiliaron a la Familia de los Franciscanos y Franciscanas de la Inmaculada.


Profesan la Regla de Santa Clara (aprobada por Inocencio IV) sin mitigaciones y la viven con particular acentuación en la marianidad, siguiendo el Camino Mariano de Vida Clariana, y nuevas Constituciones aprobadas por la Sede Apostólica. Junto a los tres clásicos Consejos Evangélicos, realizan voto de consagración ilimitada a la Inmaculada con vistas a participar, desde la soledad del claustro, en el misterio de María que porta a Cristo al mundo.


Las Hermanas están especialmente dedicadas a la penitencia y a la mortificación personal, pero inmersas en la alegría franciscana. Trabajan en la confección de ornamentos sagrados, elaboración de formas y vino para la Misa, aceptando también limosnas y ayudas de los fieles. Tras el motu proprio Summorum Pontificum (2007), las Clarisas de la Inmaculada han adoptado la Forma Extraordinaria del Rito Romano para sus celebraciones litúrgicas. Actualmente son cerca de 50 monjas repartidas en tres monasterios de Italia, y son atendidas de manera especial por los Franciscanos de la Inmaculada.


Monasterios:

- Clarisse dell´Immacolata
Monastero Cuore Immacolato e San Giuseppe
Via dell´Immacolata 1
54011 Aulla (Massa-Carrara)
Italia

- Clarisse dell´Immacolata
Monastero Roseto dell'Immacolata Porta del Cielo e di San Giuseppe
Via Rivella 5
36051 Creazzo (Vicenza)
Italia

- Clarisse dell´Immacolata
Monastero Roseto dell'Immacolata e Santa Chiara
Via Malintoppa 10
01021 Acquapendente (Viterbo)
Italia

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Le agradezco profundamente por
mostrarnos la vida de las Clarisas de la Inmaculada. Me llena de alegría ver como las cenizas del Padre Kolbe esparcidas por el viento siguen dando frutos en abundancia en la vida de la Iglesia. "Ama a la Inmaculada, ámala mucho y Ella te hará feliz" solía repetir este Santo. Dios bendiga, multiplique y santifique a los Franciscanos, Franciscanas, y a las Clarisas de la Inmaculada.
Frere Maximiliano María

Anónimo dijo...

Creo que esta es la primera institución religiosa no Ecclesia Dei (es decir , que depende de la Congregación para los Religiosos) que adopta la liturgia antigua en bloque: es decir, todos los monasterios. Además, según he sabido, dentro de poco tiempo extenderán el "uso antiguo franciscano" a todas sus prácticas y usos religiosos.
Lo impresionante es que la inmensa mayoria de estas mujeres son jóvenes de treinta y tantos años, y el promedio de edad probablemente continuará bajando por las nuevas vocaciones que siguen llegando.

Anónimo dijo...

doy gracias a Dios que todabia hay almas generosas que se entregan a el sin reservas, renunciando a lo mas legitimo que se pueda permitir
abrazando la verdadera vida religiosa, en silencio , recogimiento, soledad y pobreza, dando ejemplo a otras congregaciones relajadas,que han dejado el habito religioso de lado y entrado la disipacion con olvido la pobreza. Dios las bendiga hermanas