Volver a la autenticidad de la vida religiosa


«Volver a la autenticidad de la vida religiosa» es la propuesta del Cardenal Franc Rodé, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Religiosa y las Sociedades de Vida Apostólica, comentando la situación de la vida consagrada.
*
- «Se puede decir que ciertas congregaciones tradicionales sufren a causa de la mentalidad secularizante que ha penetrado en ellas».
- «Benedicto XVI pone en guardia continuamente contra el peligro de la secularización interna».

A la secularización externa... le sigue la interna

- «Huir de este espíritu mundano, por tanto, y poner el acento en la vida en comunidad, sobre la vida fraterna, sobre la oración, sobre la pobreza, sobre la obediencia, sobre la castidad vivida en la alegría del corazón y en la libertad interior. He aquí lo que debemos recuperar, lo que debemos vivir intensamente».

- «Vivir intensamente el carisma, volver a la autenticidad de la vida religiosa es la única vía para salir de esta situación de crisis en la que se encuentra la vida religiosa».

Carmelitas Descalzos jóvenes: esperanza
*
- El Cardenal ha reconocido experimentar «una gran admiración y alegría cuando encuentra jóvenes monjes, jóvenes Padres carmelitas, dominicos, religiosas benedictinas, y los ves llenos de alegría, transparentes, con una gran libertad interior».


«Están visiblemente en su lugar, donde Dios los quiere y viven su vocación en la alegría y en la paz del corazón».

- «Este pienso que es el primer testimonio que estos religiosos dan y es un testimonio muy convincente, muy creíble. Como decía en otros tiempos el filósofo Bergson, su existencia es una llamada, no tienen necesidad de hablar».

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Jesús manifestó claramente que él había venido a llamar a conversión no a los justos sino a los pecadores, porque no son los sanos sino los enfermos quienes tienen necesidad de médico. Jesús manifiesta a los pecadores una actitud acogedora que escandaliza a los fariseos (Mt 9,10-13), pero provoca conversiones; y el evangelio de Lucas se complace en referir en detalle algunas de estas vueltas a Dios, como la de la pecadora (Lc 7,36-50) y la de Zaqueo (19,5-9). Mientras vivía Jesús había ya enviado a sus apóstoles a predicar la conversión anunciando el Evangelio del Reino (Mc 6,12).
Convertirse a Dios es decidirse a amarlo por encima de todo y con todas las fuerzas, es abandonarse a él y poner en sus manos toda la vida y destinos. Convertirse a Dios lleva consigo la conversión al hermano. No es posible separarlos. Coinciden en Cristo. “El encuentro con Dios se encarna y se intensifica en el encuentro con el hermano. Jesús nos asegura que todo lo que hacemos al otro, a él se lo hacemos (Mt 25,40). Amar al hermano es amar a Dios. “Si me amas, apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas”(Jn 12,15-17). Ambos amores son inseparables. No es verdadero el amor a Dios que no se traduce en el amor al hermano y, a su vez, no podemos amar al otro, al enemigo, y hasta el final, si este amor no se alimenta en el amor a Dios. El mandamiento más importante de la ley es el amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo. Creo que por ahí debe ir el volver a la autenticidad de la vida religiosa.

Anónimo dijo...

La vida religiosa, como la vida cristiana tiene que renovarse cada día:cambiar. Pero para cambiar se necesita decisión, determinada determinación. Cuando se ha decidido cambiar, ya se ha empezado un largo proceso que necesitará mucha paciencia, mucho amor y mucho tiempo. Quien ha tomado conciencia de este caminar, estará ayudando a los demás a cambiar, sin que se den cuenta.
Nada ayuda tanto a esta labor como no hacer caso de los profetas de desventuras. Algunas personas no ven más que ruinas y calamidades en la sociedad actual. “Nos parece necesario expresar nuestro completo desacuerdo con tales profetas de desgracias que anuncian incesantemente catástrofes, como si el fin del mundo estuviera a la vuelta de la esquina” (Juan XXIII).

Anónimo dijo...

Me parece que se debe evaluar la practica muy generalizada de no utilizar el hábito religioso, la forma de vivir el voto de pobreza, y el lugar que ocupa la oracion en comunidad. Otro aspecto es evaluar la forma en que viven su carisma. Pienso que uno de los grandes errores ha sido que ordenes e institutos religiosos se hagan cargo de parroquias. Esto ha fomentado que se alejen del carisma y que muchos jovenes religiosos sean ordenados para atender las multiples tareas parroquiales, quizás sin tener una verdadera vocación sacerdotal. También esto provoca que los obispos no den la milla extra en la búsqueda de vocaciones ya que los religiosos le resuelven el problema de las parroquias vacías.