18. Orden del Santísimo Salvador

"La urgencia misionera, que iluminó el itinerario de Santa Brígida desde el norte al sur del continente europeo, hace de ella un ejemplo a imitar; sobre todo en la obra de la nueva evangelización de Europa. ¡Santa Brígida de Suecia es, en efecto, una Santa de dimensiones europeas!" (Siervo de Dios Juan Pablo II, 1991)

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La Orden del Santísimo Salvador es una Orden contemplativa fundada por Santa Brígida de Suecia, cuya finalidad primordial es alabar al Señor y a la Santísima Virgen y ofrecer reparación por las continuas ofensas que se cometen contra la Divina Majestad. Sus miembros han de llevar una vida perfecta para el honor de Dios y la salvación de las almas y tomar como base de su oración la meditación de la Pasión del Señor. En el número de sus miembros dejó su impronta el arraigado simbolismo medieval. Cada monasterio debía tener 60 monjas, 13 presbíteros, dos diáconos, dos subdiáconos y ocho hermanos legos. Con lo cual, el número total de 85 personas igualaría al de los 72 discípulos más los 13 apóstoles, incluyendo a San Pablo. El carácter de la Orden fue mixta. Esto constituyó una de las mayores dificultades que encontró Santa Brígida para su aprobación, aparte de la decisión, aún vigente en su época, del concilio de Letrán de 1215 de que no se crearan Órdenes nuevas.

Realmente fue la hija de Santa Brígida, Santa Catalina, la que consiguió la aprobación definitiva de la Orden del Santísimo Salvador y quien organizó, conforme a la Regla de la misma, el monasterio Madre de Vadstena. La Orden, por su celo apostólico, por su eficaz labor en la instrucción del pueblo y por su actividad cultural, supuso un elemento imprescindible de evangelización. Se extendió por toda Europa, llegando a tener unos 80 monasterios.

Santa Brígida de Suecia

Santa Brígida nace en 1303 en Suecia. A los quince años se casa con un joven noble. No estaba entre sus ideales contraer matrimonio, pero ante los deseos de su padre obedeció. Vivió en el castillo de Ulfasa, donde se encontró con una vida lujosa de costumbres cortesanas. Con todo, Brígida no abandonó su vida de austeridad y entrega a los asuntos divinos. Su matrimonio fue feliz y lleno de armonía, bendecido con el nacimiento de ocho hijos.

En el verano de 1341, los esposos hicieron el voto de ir en peregrinación a Santiago de Compostela. Tras el regreso, se retiraron de sus deberes públicos y los dos decidieron dedicarse únicamente a Dios, al alma y a la eternidad. Para entonces, Santa Brígida se había entregado intensamente a la lectura y estudio de la Palabra de Dios. Finalmente, se pusieron de acuerdo para ingresar en una Orden religiosa y dedicarse a la vida de la contemplación, oración y sacrificio. En 1343 muere su esposo en el monasterio cisterciense de Alvastra (Suecia). La Santa, una vez viuda, obtuvo del Señor maravillosas experiencias místicas. El Señor le pidió la fundación de una nueva Orden religiosa. Con la ayuda de los monjes del Císter redactó una primera regla, hacia el año 1347. Distribuyó entre sus hijos y los pobres su cuantiosa fortuna, se libró de los lazos del mundo y siguió a Cristo.


“Amor Meus Crucifixus est”

En agosto de 1349, el papa Clemente VI publica una Bula anunciando el Jubileo de 1350 y llamando a los fieles a Roma. Acude a ganar el Jubileo en otoño de 1349, acompañada de sus confesores y peregrinos suecos. Precisamente durante su estancia en Roma es cuando Brígida siente más dolorosamente la ausencia del Papa, residente en Aviñón. Hacía 40 años que el Papa había abandonado la Ciudad Eterna y los Estados de la Iglesia estaban completamente abandonados. Desde entonces, el drama de la Iglesia de su tiempo va a ser la obsesión constante de su vida y de su trabajo. Trabajó lo indecible bajo la inspiración divina por la vuelta del Papa a Roma, multiplicando sus austeridades, oraciones y penitencias. Con 70 años peregrina a Tierra Santa. Muere en la Ciudad Santa de Roma en 1373. Bonifacio IX la canoniza el 7 de octubre de 1391.
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Con la implantación de la Reforma Protestante, los monasterios desaparecieron casi en su totalidad, tanto los de varones como los de monjas. Fue un período en que la Orden alcanzó gran número de mártires y santos. Hoy la Orden del Santísimo Salvador cuenta con tres ramas.

1. Rama monástica femenina


El fundamento de la vida en el monasterio:

Verdadera humildad, pura castidad y pobreza voluntaria. Cuando las monjas no están ocupadas en los oficios sacros o en el estudio o la lectura espiritual, deben trabajar con sus manos para cubrir los gastos del monasterio y para socorrer a los pobres e indigentes. Todos los años harán el cómputo de los gastos y lo que sobra lo repartirán entre los más necesitados del lugar. Vivan en suma pobreza y no acumulen dinero ni cosas superfluas.

El silencio debe reinar en el monasterio, reservándose dos tiempos de recreación después de la comida y después de la cena. Los ayunos, mortificaciones y penitencias según mande la Santa Madre Iglesia, con todo, deben se efectuados con sabiduría, prudencia y moderación, de manera que el cuerpo esté dispuesto siempre para atender a los oficios corporales con fervor y puedan vivir entre los trabajos del monasterio con sana alegría. Con permiso de la Madre Abadesa cada monja tendrá lo necesario para su uso personal. Procure cada una no extralimitarse y tener solamente lo necesario, utilizarlo con sencillez de espíritu, mortificación y austeridad.
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a) Rama monástica medieval

La constituyen los monasterios que sobrevivieron a las calamidades de la barbarie protestante, la guerra de los Treinta Años, la Revolución Francesa y las desamortizaciones del XIX. Son autónomos, sin vinculación jurídica común. Ya no son dobles sino sólo de mujeres, desde la muerte del último Brigidino en 1863. Las abadías son: Santa María del Refugio en Uden (Holanda), Abadía de Syon (Reino Unido), Altomünster (Alemania) y Santa María de la Paz de Vadstena (Suecia).


b) Rama monástica española

En el siglo XVII es aprobada una rama española de la Orden (exclusivamente femenina) por el Papa Urbano VIII. Su origen está en la Venerable Madre María de Escobar. La Madre recibió una serie de revelaciones que la inspiraron a fundar esta nueva rama de espíritu reformado. La primera fundación fue el monasterio de Valladolid (1637). Actualmente la Orden presenta una estructura de monasterios federados y se encuentra presente en España (Valladolid, Lasarte, Paredes de Nava y Azcoitia), México, Venezuela y Perú.

Monjas Brígidas: Calle Mayor 30. 20160 Lasarte-Oria - Guipúzcoa

2. Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida

“Mi Dios, te doy gracias, porque me has concedido el ansia de la búsqueda”
( Beata Elizabeth Hesselblad)

En 1911 nace una nueva rama de la Orden de mano de la Beata Elisabeth Hesselblad (1870-1957). Mientras se encontraba en los Estados Unidos trabajando como enfermera, fue iluminada por el Espíritu para convertirse a la fe católica. Ella era luterana y después de luchas internas y oposición de la familia, en 1902 fue admitida en la Santa Iglesia Católica.

En 1904, bastante enferma y sin esperanzas de curación, acude a Roma y postrada ante los pies de San Pío X le presenta sus deseos de hacerse con la casa de Piazza Farnese donde había vivido y muerto Santa Brígida. En aquella época era un convento de Carmelitas polacas. En 1906 profesa los votos en esta Santa Casa, y tras visitar los monasterios de Brígidas existentes, comienza en 1911 la nueva fundación. Su deseo - que sentía como un mandato del Señor– era dar nueva vida al carisma brigidino, volviendo a los orígenes pero adaptado a los tiempos nuevos. Ya no sería una orden contemplativa, sino proyectada al apostolado.

Las religiosas Brigidinas viven intensamente los valores de la vida consagrada, con la escucha, la contemplación, la Adoración Eucarística, la interiorización de la Palabra de Dios, la solemne celebración de la Liturgia de las Horas y la actividad apostólica. Las Brigidinas regentan también varias casas de hospitalidad cuya finalidad primaria es el servicio ecuménico como un ejercicio de exquisita caridad, calor humano y espiritual, para todos aquellos que, quizás ricos en bienes materiales, viven en una profunda pobreza interior y están a la búsqueda de nuevos horizontes.

La unidad es la finalidad específica de la Orden y determina las intenciones de la oración, en particular la comunitaria, y de las obras de penitencia. Con el ofrecimiento total de su vida a Dios, las religiosas Brigidinas esperan contribuir a realizar u obtener:
- Reparación por la separación de los pueblos del único Rebaño de Cristo.
- El fin de la dolorosa división entre cristianos, impedimento para la credibilidad del Evangelio.
- La conversión a la verdadera fe de los pueblos que todavía no son cristianos o están descristianizados.
- El incremento y consolidación del sacerdocio ministerial y de la vida consagrada al servicio de la unidad.

Madre Tekla, Abadesa General
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Actualmente las Brigidinas rondan las 700 religiosas, gobernadas por la Reverenda Madre Abadesa Tekla Famiglietti, repartidas en conventos de Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Estonia, Polonia, Alemania, Holanda, Inglaterra, Suiza, Italia, Palestina, Israel, India, Filipinas, Indonesia, Estados Unidos, México y Cuba.

Los monjes Brigidinos habían desaparecido a raíz de las vicisitudes históricas en 1863. Pero en 1976, el Hermano Benedict Kirby restaura la rama masculina en la diócesis de Portland (Oregón, EEUU). Se trata de un instituto contemplativo que siguiendo el modelo primitivo del monacato, no ordena de manera ordinaria a sus miembros. La vida comunitaria está centrada entorno a la Divina Liturgia: Santa Misa (los viernes en Latín) y el Oficio Divino solemne. Como hijos de Santa Brígida, la devoción a la Santísima Virgen, la fidelidad al Papa y la oración por las almas del purgatorio y la unidad de los cristianos, son esenciales en sus vidas. Los monjes se sustentan a través de la producción de dulces y productos monásticos. Actualmente son 15 monjes, con una sola casa.